Erase una vez en un reino no tan
lejano, una princesa cuyo corazón estaba tan lastimado, que muchas veces se
olvidaba de ella misma, de lo que ella necesitaba. Ella era de una tez blanca,
melena larga, castaña y ondulada, delgada, altura promedio, no era muy alta,
mas sin embargo era muy bonita, desde
pequeña se lo habían dicho, que tenía una sonrisa muy bonita, que su risa daba
mucha alegría. Su nombre era Emma.
Un día común y corriente, ella salió
al prado más alejado del reino. Toma una
capucha blanca, una canasta con ciertas frutas y se disperso entre la gente.
Llego al prado, estaba iluminado por flores y
mezclas de color verde, hojas caídas debido al otoño, risas, gritos de alegría,
juegos y mucha ilusión que reflejaban los niños en aquel lugar. Sin embargo,
Emma buscaba un lugar vacio, tranquilo, para poder estar sola con ella misma.
Lo encontró un poco mas allá de aquel lugar, el ruido a lo lejos fue la ambientación perfecta para ella.
Se sentó cruzando las piernas
debajo de una pequeña manta que cocolo, saco un cuaderno de aspecto viejo junto
con un bolígrafo y empezó a escribir, todo lo que pensaba, lo que su mano lo
proyectaba. Al concentrarse en sus escritos se dio cuenta que todo coincidía en
soledad. Ella pensó- ¿y si hago amigos?
Emma se levanto. Tomo sus cosas
se dirigió aquel prado replanto de ruido, divago por el lugar, vio a un joven
de aspecto serio, elegante al vestir, mirada fuerte, postura imponente se
acerco a él, se sentó en la misma orilla de la fuente donde estaba el, al
saludar le dijo- Hola, ¿viene mucho por aquí?-, Emma reflejo amabilidad al sonreírle,
el extrañadle le contesto- De vez en cuando con mis hermanas. Se me haces un
poco conocida, ¿nos conocemos?- esbozó con una sonrisa. Ella contesto- Tal vez
en el pueblo, mi nombre es Emma- el dijo- Mucho gusto, mi nombre es Nicolás,
para servirle-. Después de ese momento, la plática entre ellos no paró hasta en
el momento que se dieron cuenta que estaba anocheciendo. Emma se despedido,
pero gritando le dijo- Mañana aquí otra vez.-
Emma se sentía feliz, plena. Sentía
como si hubiera encontrado la medicina para todos sus males.
Todos los días a la misma hora, Nicolás
y Emma se veían a las afueras del reino, al paso de los meses, su amistad se fortalecía
más y más.
Emma sentía que con Nicolás, lo
que pasaba en el reino dejaba de importar, que su corazón perdía la prioridad de
latir por vivir, para latir por amar. Ella al comentarles a sus amigas de la
existencia de Nicolás, daba por hecho que tenían una relación secreta para los demás,
pero no era así.
Una noche, la princesa invito a
su mejor amigo a un baile del reino. Los rumores de su romance aumentaron cada
vez mas debido al verlos juntos.
Después de un tiempo Emma se dio
cuenta que estaba perdidamente enamorada de Nicolás, ella trataba de
disimularlo, no quería perder a la única persona que hacía que sus problemas se
aligeraran y podía hacerla feliz.
Semanas después Nicolás se dio
cuenta que el también estaba enamorado de ella, trataba de decirle, pero no quería
que su amistad se perdiera. Al fin se animo a decirle y Emma le dijo-Esquer yo
siento lo mismo por ti Nicho-, el se quito un gran peso de encima y se emociono
con alivio.
Emma se dio cuenta que por más
que la vida te de problemas y momentos difíciles siempre habrá una solución,
solo que cuando dejas de atormentarte por ellos y la tomas de una mejor manera,
todo se soluciona.
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